El llamado a una nueva comunidad
En el escenario actual, marcado por la incertidumbre y una crisis ambiental que ha dejado
de ser una amenaza lejana para manifestarse en la superficie de nuestra realidad cotidiana,
surge un desafío audaz: soñar juntos. Este no es un acto abstracto o un simple ejercicio de
onirismo; requiere una cercanía especial, una comunidad dispuesta a transparentar su
interior y compartir anhelos frente a los riesgos compartidos. El Papa Francisco, a través de
su encíclica Laudato si’ y su obra Soñemos juntos, nos propone una respuesta ante la
crisis ecológica que nace del reconocimiento de que la urgencia sanitaria y ambiental
constituyen sacudones que nos invitan a recuperar nuestra esencia más humana.
El Paradigma Tecnocrático: La trampa de Ícaro

Para comprender la raíz de la crisis, las fuentes nos invitan a analizar el paradigma
tecnocrático. Este modelo no es simplemente el uso de herramientas, sino una mentalidad
que asume que el progreso es un incremento ilimitado de poder, utilidad y bienestar, como
si la verdad brotara espontáneamente del dominio técnico.
Una analogía poderosa para ilustrar esta situación es el mito de Ícaro y Dédalo. Dédalo, el
inventor, utiliza la técnica para escapar de un laberinto, pero su hijo Ícaro, embriagado por el
poder de volar y desoyendo los límites tecnológicos de sus alas de cera, se acerca
demasiado al sol y cae al vacío. Esta historia refleja la ambigüedad de la tecnología:
mientras puede ser un vehículo para el perfeccionamiento humano, su uso inescrupuloso y
la falta de límites éticos —la soberbia de creer que «todo lo que se puede producir hay que
producirlo»— nos conducen a consecuencias desastrosas.
Hoy vivimos en un tecnocentrismo que busca soluciones técnicas para los problemas que
la misma tecnología ha generado, creando un círculo vicioso que ignora las causas
profundas del sistema mundial.
El Antropocentrismo Desviado: Un descenso sin ascenso
Al profundizar en la raíz filosófica de este paradigma, podemos relacionar el pensamiento
de Francisco con la obra de Leopoldo Marechal. Lo que el Papa denuncia como la «raíz
humana de la crisis» coincide con lo que Marechal define como un antropocentrismo
desviado.
Desde la perspectiva de Marechal, el alma humana se encuentra atrapada en un
«descenso infinito» hacia la materia, perdiendo su capacidad de «ascenso» hacia lo
trascendente. En este estado, el hombre deja de ser un «ordenador» o un «nombrador» de la
creación para convertirse en un tirano de la materia. El paradigma tecnocrático es, en
esencia, la negación de la estética; reduce lo bello a lo útil y olvida que la criatura es un
reflejo de algo superior. Cuando el ser humano se enamora de su propia capacidad de
dominio, se encierra en una «fealdad» egoísta, creyéndose el centro del universo cuando es
solo una criatura que debería reflejar la luz del Creador.
La Fragmentación del Conocimiento y la Pérdida del Sentido de Totalidad
Uno de los efectos más perniciosos de la mentalidad tecnologista es la extrema
especialización. Si bien la fragmentación de los saberes permite aplicaciones concretas y
avances en medicina o comunicaciones, también nos impide mirar el conjunto. Como señala
Francisco, esta mirada parcial vuelve irrelevante el horizonte amplio de las relaciones que
existen entre las cosas, dificultando la resolución de problemas complejos como la pobreza
y el deterioro ambiental.
Esta crisis de unidad es lo que Marechal identificaría como la ruptura del vínculo entre el
objeto y su Creador. La técnica nos otorga un poder inmenso, pero no nos enseña a qué
fines debe servir ese poder. Al negar la capacidad antropológica de conocer la verdad, la
dignidad humana queda reducida a la búsqueda de dominio, validando el conocimiento solo
a través de métodos científicos que, a menudo, se encuentran en un callejón sin salida
epistemológico.
El Trabajo como Creación y no como Explotación
Frente a la esclavitud técnica, las fuentes proponen recuperar el sentido del trabajo. En
Laudato si’, el trabajo se defiende como una forma de desarrollar la propia humanidad y
cuidar el mundo. Marechal eleva esta visión al categorizar el trabajo como «poiesis»
(creación).
Todo ser humano es potencialmente un «poeta» o hacedor. Si el trabajo mantiene su sentido
de «ascenso» —de crear algo bueno y bello—, se convierte en una herramienta de
liberación. Sin embargo, cuando se despoja de sus valores y se orienta exclusivamente a la
utilidad y la seguridad, el hombre se separa de la naturaleza y de su propia vida,
convirtiéndose en un esclavo de los instrumentos que creó para dominarla.
Hacia una Ecología Integral y una Conversión Ecológica
La solución a la crisis no es «menos tecnología», sino más sabiduría. El Papa Francisco
nos invita a una ecología integral que reconozca que no hay dos crisis separadas (una
ambiental y otra social), sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.
Esta visión requiere:
● Ampliar la mirada: La libertad humana es capaz de limitar la técnica y orientarla
hacia un progreso más sano, humano y social.
● Acciones concretas: Como las comunidades de pequeños productores que optan
por modelos de vida no consumistas o técnicas orientadas a la dignidad de los
demás.
● Una conversión del corazón: Iniciar un camino de toma de conciencia a través de
la «belleza», reconociendo que la protección de la «casa común» es un cometido que
nos une a todos.
La espiritualidad cristiana ofrece aquí un aporte vital, no como un conjunto de ideas
abstractas, sino como motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado del mundo.
Conclusión: Un tiempo de peregrinación y acción
Es tiempo de pasar de la reflexión a la acción. Instituciones como Oikos y la Universidad
Fasta se han hecho eco de este llamado, transformando el sueño de Francisco en un
«tsunami de acciones» que incluyen desde la educación académica hasta el compostaje.
Como señala el Papa en el epílogo de su libro, «es tiempo de peregrinación».
Debemos peregrinar hacia una nueva forma de habitar el mundo, donde la técnica esté al
servicio de la vida y donde, al recuperar la capacidad de ver la belleza en las cosas,
volvamos a tratarlas con el respeto que merecen. El desafío es urgente, pero la esperanza
reside en que «las cosas pueden cambiar» si nos atrevemos a soñar y actuar juntos.
Invitamos al lector a realizar sugerencias y opiniones sobre cada tema desarrollado.