
Un modo de agresión a los ríos característico de los tiempos modernos consiste en el llamado “impacto ambiental” cuando éste no ha sido debidamente apreciado en las consecuencias que puede alcanzar. Por impacto ambiental se entienden las consecuencias provocadas en el medio ecológico por la construcción de grandes obras públicas. Uno de los casos emblemáticos de impacto ambiental mal calculado fue el de la represa de Assuán, construida en Egipto para contener las aguas del Nilo, administrarlas de manera constante, generar electricidad y obtener más de una cosecha anual.
Durante seis mil años los agricultores habían aprovechado el fenómeno natural de la inundación del delta del Nilo por las aguas y los barros que el río llevaba desde el centro de África. El nivel después bajaba lentamente hasta que los campos quedaban húmedos en la superficie y con el abono de los limos. Ése era el momento de cultivar, y las condiciones favorables se mantenían hasta la cosecha.
La represa comenzó a construirse en 1960 y se inauguró once años después; como se consideró que el lago a formarse dejaría sumergida a gran cantidad de monumentos antiquísimos , se constituyeron un fondo y una fuerza de tareas internacionales para rescatar y trasladar esas obras, lo cual se logró a un precio muy alto.
Si bien uno de los resultados esperados –obtener más cosechas que las tradicionales- se consiguió, los campesinos beneficiarios comprobaron al poco tiempo que uno de sus alimentos habituales, la sardina de mar, comenzó a escasear y se hacía más cara hasta que resultó casi imposible conseguirla. La explicación técnica fue desalentadora: antes de construirse la represa el río arrastraba una cantidad de sedimentos orgánicos y plancton que volcaba en el mar Mediterráneo y que constituían la base de la alimentación de las sardinas. Esas sustancias quedaban ahora retenidas en la represa.
Los mismos sedimentos orgánicos habían servido a lo largo de la historia de Egipto como nutrientes naturales y gratuitos para las plantaciones, pero como comenzaron a atascarse en Assuán hubo que reemplazarlos con fertilizantes caros y potencialmente contaminantes. No se agotaban allí las consecuencias de que el barro se estacionara en el dique, porque antes, cuando bajaba mezclado con el agua, la mayor densidad del caudal hacía que el río circulara más lentamente. En cambio, la velocidad que lo caracteriza en la actualidad es causa de que las orillas estén sumamente deterioradas con el consiguiente peligro para la estabilidad de los puentes, cuya conservación exigió un presupuesto adicional.
Los efectos no calculados de la represa de Assuán más lamentables se registraron en materia de salud pública. Todo gran reservorio de agua en una zona tropical funciona como caldo de cultivo para el desarrollo de mosquitos y otros vectores de enfermedades, calamidad que en el caso posiblemente haya sido prevista y aceptada como mal menor pero que fue superado por otro que no se tuvo en cuenta. Antes de la construcción de la represa un largo período del año transcurría en condiciones de sequedad a causa de las cuales los caracoles acuáticos no se difundían por Egipto. Estos animales son portadores de un parásito llamado bilharzia transmisible a los seres humanos y que produce una enfermedad debilitante llamada bilharziasis o esquistosomiasis. Desde que los canales de irrigación llevan agua todo el año la bilharziasis se ha propagado entre el ochenta por ciento de quienes trabajan en las orillas del río y del lago porque el caracol se reproduce en proporción geométrica. Los costos de salud pública provocados por la bilharziasis son cuantiosos, y los dramas personales mucho más graves porque no hay partidas presupuestarias que los compensen.
Otra manifestación de impacto ambiental de la represa de Assuán aparece en la evaporación, que se lleva anualmente una cantidad de agua suficiente para irrigar un millón de hectáreas. Además, la calidez del lago artificial favorece la proliferación de plantas acuáticas que incorporan a la evaporación ambiente las producidas por sus propios metabolismos. En Egipto la evaporación de las plantas acuáticas alcanza a mil quinientos millones de metros cúbicos anuales, lo cual representa el diez por ciento del caudal de agua requerido para el regadío nacional.
El ejemplo de Assuán es uno de los más notables de impacto ambiental o calculado, pero ciertamente no constituye una excepción en cuanto a lo dudoso de los resultados económicos cuando se deja de ponderar los resultados ecológicos en la contabilidad de ingresos y egresos. Una sana política ambiental es también una sana política económica.
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