
La acumulación de crisis diversas y simultáneas que caracterizan a la actual situación internacional dificulta la valoración de la seguridad energética planetaria, que es sin embargo una de las causas centrales de estas perturbaciones. Desde 1923 funciona el Consejo Mundial de Energía, una institución que contempla entre sus objetivos establecer conceptos claros en la materia, y así ha formulado el de “Trilema energético”, constituido por tres elementos: 1° Seguridad energética (garantía de suministro fiable); 2°, Equidad energética (precios asequibles), y 3°, Sostenibilidad energética (reducción de emisiones contaminantes).
Las circunstancias presentes indican que las tres patas del trilema tambalean. La gravedad de la crisis del petróleo es aún mayor que la admitida generalmente, según advierten los organismos especializados. Sus precios siguen un continuo vaivén ligado a las operaciones militares en Medio Oriente, pero el encarecimiento ha sido relativamente moderado. Ello se debe a varias causas. En primer lugar, las reservas acumuladas en Estados Unidos han permitido al país no sólo mantener el abastecimiento interno sino también irrumpir en el escenario internacional como principal vendedor. Europa está recurriendo con intensidad creciente a las energías alternativas. Por su parte, los países árabes productores intentan transportar su petróleo por otras rutas que el estrecho de Ormuz, punto central de la guerra. China pone en práctica restricciones severas al consumo que todavía no han afectado su actividad económica. Y Rusia, hasta hace poco primer exportador mundial de petróleo, encuentra dificultades serias para su colocación en el mercado en razón de su aislamiento diplomático.
Las conclusiones de los observadores internacionales coinciden en que el costo del petróleo aumentará sensiblemente cuando se modifiquen las circunstancias enumeradas. Cabe añadir otra nota a este cuadro: la expansión de los centros de datos en los cuales se origina la Inteligencia Artificial están requiriendo grandes cantidades de energía procedentes de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas).
Todo esto perturba la asequibilidad a la energía (cuya generación depende aún en mayor parte de los combustibles fósiles) y determina el incremento de sus precios; así dos patas del Trilema temblequean. En cuanto a la tercera, la demanda inesperada y por ello la necesidad de más producción hace temer un relajamiento en las medidas de control de emisiones contaminantes (con los correspondientes efectos sobre el cambio climático).
¿Cómo responderá la humanidad a este conjunto de desafíos? Los problemas suscitados por la Inteligencia Artificial no se agotan con sus exigencias energéticas, pero éstas requieren por sí solas una magnitud de inversiones financieras que posiblemente representen menoscabo de las que reclama la estabilidad del Trilema. Se perciben en ello feas perspectivas de inflación y burbujas especulativas. Como pocas veces en la Historia la prudencia y el acierto de las políticas de inversión determinarán un futuro de paz y prosperidad o de guerra y atraso.
La seguridad energética en cuanto suministro fiable está debilitada, obviamente, por la vulnerabilidad a las armas más modernas de los pozos de extracción, plantas de refinamiento y sistemas de transporte. Y son precisamente algunas de las áreas de más producción las que se encuentran en el vórtice de los conflictos geopolíticos especialmente agudos. Tal circunstancia las pone entre paréntesis con relación a conservar su protagonismo. En este sentido, la Argentina goza de una situación favorecida para la explotación de sus recursos energéticos.
Desde luego, las compañías petroleras no se encuentran fundamentalmente amenazadas, pues su producción continuará siendo requerida por el mercado a lo largo del período de adaptaciones y cambios que se avizoran en el futuro energético del mundo; por otra parte, un paulatino abandono del petróleo como combustible no le menoscabaría su lugar como materia prima para lubricantes y plásticos.
Ese futuro energético no está aun claramente definido. Tanto no lo está que en esta crisis ha encontrado lugar la reivindicación del carbón, considerado culpable principal de la contaminación atmosférica y el calentamiento global. Japón y Corea del Sur han eliminado las restricciones de orden ecológico al uso industrial del carbón; lo mismo han decidido Vietnam y la India. En Australia, la cotización de las acciones de la principal empresa productora de carbón ha aumentado 40% . Una empresa estadounidense anuncia una oferta de carbón tratado con nuevas técnicas que anularían su peligrosidad como contaminante; la presentación publicitaria de este carbón hace sentir que hasta se trata de una mutación que lo ha vuelto sustancia blanca.
Según la Agencia Internacional de la Energía, la electricidad consumida por los centros de datos de inteligencia artificial a nivel mundial es generada en 30 % de carbón, 27 % de energías alternativas (eólica, solar e hidroeléctrica), 26 % de gas natural y 15 % nuclear.
La participación de China en este proceso de reconversión energética es singular. Por un lado, buena parte de sus estructuras industriales siguen dependiendo del carbón, a punto tal que consume un tercio de la producción mundial de este combustible. Por otra parte, las usinas chinas generan 1200 gigavatios desde sus paneles solares, lo cual representa un aumento de producción de cincuenta por ciento en un año y un tercio de su capacidad instalada de generación de electricidad. La exportación de paneles solares chinos se incrementó en 73 % a la vez que los precios cayeron un 25%.
Sin embargo, no parece preocupar en China la coincidencia entre los desarrollos de la Inteligencia artificial y la crisis energética, que es en Occidente causa de complicaciones adicionales. Son notorias las polémicas relativas a los efectos de la IA en cuanto a sus eventuales impactos económicos, sociales y hasta antropológicos. El tema se torna cada día más preocupante en esas dimensiones, pero la opinión pública –por lo menos en los Estados Unidos- está reaccionando en particular contra otro aspecto, específicamente contra los costos de la electricidad requerida por los centros de datos y su incidencia sobre los precios de las tarifas domésticas.
El argumento de los objetores consiste en que al aumento del consumo corresponde el de la producción, y ésta reclama significativas inversiones, que si no se concretan deberán compensarse en la facturación. Tal perspectiva ha levantado una oleada de hostilidad contra los proyectos de centros de datos a través del territorio norteamericano. En especial los gobernadores y alcaldes locales, quienes están más cerca de sus electores, procuran canalizar la corriente opositora; desde luego que también lo hacen los demás políticos que aspiran a reemplazarlos en sus cargos. El presidente Trump ha intentado aplacar los ánimos comprometiéndose a lograr que las empresas de IA cubran los gastos de generación de la energía y las mejoras de redes de transmisión, pero su mensaje no parece haber sido muy convincente.
El gobernador de Texas, Greg Abbot, después de haber celebrado la radicación de centros de datos en su Estado viró totalmente su discurso y ahora afirma que estos centros “se merecen la reacción negativa que están logrando en la comunidad”. El de Pensilvania , Joshua Shapiro, directamente ha comenzado a imponer restricciones al uso de IA. Y la gobernadora de Nueva York, Kathy Hotchul, ordenó una moratoria de un año para instalar centros de datos. La candidata a sucederla en el cargo propone como condición para funcionamiento de los centros la construcción de una planta de energía nuclear. Esta iniciativa tiene más fundamento del que a primera vista aparenta.
Una estimación recentísima de la prestigiosa Universidad Brown, de Rhode Island en Estados Unidos, acaba de profundizar los temores con un informe según el cual los costos energéticos de la guerra con Irán alcanzan ya más de cien mil millones de dólares, cantidad que se incrementa en un millón cada dos minutos. Son costos que se refieren al impacto de la guerra sobre las actividades civiles, por ejemplo el precio de la nafta.
El Director de la Agencia Internacional de la Energía, el argentino Rafael Grossi, se ha referido al tema señalando que no es posible disimular las grandes exigencias de electricidad de la IA ni tampoco desterrarla por tal causa. Al igual que con tantos avances tecnológicos que se conocen en la Historia, el problema radica en resolver racionalmente los problemas que se plantean, y en este sentido sostiene que esa solución se encuentra en la energía nuclear.
Cuando en 1953 el presidente Dwight Eisenhower presentó su iniciativa “Átomos para la Paz” se difundió por el mundo la idea de que comenzaba una nueva época signada por este tipo de energía. Muchas circunstancias actuaron para que no se diera tal resultado; en primer lugar, los justificados temores a las residuos nucleares, y en segundo término lo costoso de la construcción de las plantas atómicas y lo dilatado de los tiempos para que entraran n funciones. El Director del Instituto considera que dichos obstáculos han sido razonablemente superados por los métodos actuales de control de la contaminación y por la coexistencia con las demás formas alternativas de generación de energía. Al hablar así reconoce que los requerimientos mundiales de energía se satisfarán con la participación de todos los recursos disponibles durante un período de transición.
Cuando en la Antigüedad comenzaron a difundirse los textos escritos, muchos contemporáneos lamentaron que la novedad tendría el terrible efecto de sustituir al diálogo directo entre los hombres; la invención de la imprenta suscitó alarmas similares, y peor aún la aparición de los telares industriales. Entre nosotros, cuando Federico Lacroze propuso el tendido de la primera línea de tranvías en Buenos Aires, le llovió el reproche de que el paso de sus vehículos estremecería los edificios hasta derrumbarlos.
Son ejemplos de temores a lo nuevo que la experiencia no justificó…pero que tampoco demuestran que todos los casos sean iguales y con final feliz. Esta historia está en sus primeros capítulos y es de esperar que sus autores y a la vez protagonistas la redactemos con delicadeza y prudencia, de modo que sirva al perfeccionamiento de la sociedad humana.
Invitamos al lector a realizar sugerencias y opiniones sobre cada tema desarrollado.